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| Javier Darío Restrepo, veterano periodista colombiano, aborda con lucidez el ejercicio informativo en la era digital, las ventajas y desventajas del uso de la web. |
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Internet es un invento genial para hacer contacto, pero no para lograr la empatía; es útil para acortar distancias, pero no eleva la calidad de la comunicación; fantástico para distribuir información, pero no para conseguir conocimiento. Quien sobrevalora Internet edifica sobre arena”, sentencia Javier Darío Restrepo. Desmitifica así el invento del siglo que ha revolucionado, dice, las categorías de espacio y tiempo de Kant.
A sus 75 años, el periodista colombiano se declara un hombre feliz. Cree que quizás eso tiene que ver con que en los últimos cinco años ha estado en Guadalajara en el mes de diciembre. No es héroe de mil batallas, pero sí reportero al menos en seis. Es autor de Testigo de seis guerras, donde narra su experiencia como enviado en a Líbano, Malvinas, Guatemala, El Salvador, Honduras e incluso su entrada a Managua, con los sandinistas, en 1979.
Es experto en ética periodística, catedrático en la Universidad de Los Andes y la Universidad Javeriana, en Bogotá; y conductor de talleres en la Fundación Nuevo Periodismo; en esta línea, sobresalen sus textos El zumbido y el moscardón y 40 lecciones de ética. Restrepo estuvo hace unos días Guadalajara para participar en el III Encuentro de Periodistas, en la Feria Internacional del Libro. En entrevista, aborda con lucidez el ejercicio periodístico en la era digital, las ventajas y desventajas de Internet, el “panoptikón del siglo XXI”.
Ha dicho usted recientemente que la fuerza del Internet radica en el caos. ¿Cómo vamos a enfrentar eso?
Como toda nueva tecnología, Internet está generando mucha inseguridad. Yo veo dos tipos de respuesta: Los inseguros, o neoluditas, lo rechazan absolutamente porque conspira contra su seguridad, quieren afianzarse en su orgullo profesional. Los deslumbrados, por otro lado, ponen todas las expectativas en el cambio, ven en la nueva herramienta la panacea. Son los polos opuestos. Ambos van a errar. Los primeros van a quedarse al margen; los segundos están edificando sobre arena.
¿Cuál es la alternativa?
Creo que hay una tercera respuesta: tenemos que canibalizar Internet. Es decir, hacer uso de todo lo que nos sirva. En nuestro caso, es necesaria una adaptación de la tecnología para hacer el periodismo tradicional más ágil. Tenemos que asimilar el cambio, pero no mitificarlo. Internet es un invento genial para acortar distancias, para establecer contacto, para difundir y obtener información con una agilidad sin precedente en la historia, pero no genera la empatía, no mejora la comunicación y no genera el conocimiento. Es un instrumento creado para la libertad, pero no da ni quita libertad.
¿Cuál es el principal desafío que enfrentan los usuarios de Internet y, en particular, los periodistas?
El Internet es paradójico y ambiguo. Así que puede crear posibilidades o cancelarlas. Fue creado como expansión de la libertad, y ha llegado a convertirse en cárcel: “Una vez en la red, el usuario se halla prisionero en una estructura que le es ajena”, como dice Castels. En la medida que posibilita romper barreras de quienes quieren restringir las libertades, también somete a los individuos a una estrecha vigilancia y a la disminución de la vida privada. Así como ha logrado, como ningún medio de comunicación, intercomunicar a los seres humanos, se ha convertido en una escuela de individualismo que aísla a las personas, sumiéndolas en sí mismas. Veo dos desafíos urgentes: el ético y el profesional. En la dimensión ética debemos convertirnos en la conciencia de la tecnología. Así como ocurre con la naturaleza: el hombre, como jardinero de la creación, la disfruta, la conserva y la ama, y al hacerlo se convierte en la conciencia de la naturaleza; así, con Internet, el hombre tiene que ser conciencia para que sirva a la libertad. De otra manera, el medio se va a convertir en el panoptikon del siglo XXI: el que está en la torre lo ve todo, pero los usuarios no lo ven a él. Puede llegar a ser una amenaza para la democracia, dado que es un poder global que está sobre los otros poderes y que no ha sido elegido. Es plutocrático. El desafío profesional es transitar de la generación de información a la producción de conocimiento.
Hay un periodismo que se tiene que acabar; lo va acabar Internet: es el del qué pasó, el que ahora hacen los medios impresos. Ya no hará falta porque los lectores siempre sabrán qué pasó. En cambio, el nuevo periodismo deberá dar la explicación de lo que pasó, mostrar el proceso al que pertenece un hecho, situarlo en su dimensión temporal y hacer la crítica de la información: eso no lo van a hacer los cibernautas, lo tienen que hacer los periodistas.
Internet nos hará volver a los orígenes del periodismo, a las fuentes. Internet es una fuente. Y cualquier periodista sabe que a ninguna fuente hay que creerle, y que miente, hasta que no se demuestre lo contrario. Y una buena entrevista nunca podrá hacerse por chat. La empatía no se logra por Internet. Ryszard Kapuscinski, a mi gusto el periodista del siglo, no aceptaba entrevistas por teléfono. “La entrevista por teléfono siempre es falsa”, decía. Porque no puedes ver a quien te está hablando, no sabes si te está mintiendo o diciendo la verdad. Es más, no hacía entrevistas, obtenía la información conversando. Conversar implica dejar la batuta, romper con la creencia de que hay que desnudar al entrevistado, ponerlo entre los palos. Entrevistar es lograr la empatía, hacer que el entrevistado te diga lo que no le diría a nadie más, pero que lo haga en libertad, convencido del imperativo ético de hacerlo.
Autor: Francisco de Anda Corral Fuente: www.milenio.com
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